Cosas para recordar
Conforme van pasando los años voy descubriendo que la amistad verdadera es una de las formas más puras de amor. Y es precisamente esa pureza la mayor de sus fortalezas y también su mayor debilidad.
Yo empecé muy tarde a tener amigos, y eso me hizo valorar la amistad mucho más que la media general del personal con el que me he ido encontrando. Con mis primeras amistades vinieron las primeras traiciones y también los primeros desamores, pero hubo algunas que sobrevivieron y crecieron. Algunas incluso se hicieron más profundas y hundieron sus raices en la tierra. Después mi mundo se ensanchó y pude aprender más cosas, ver que las personas no somos monolíticas, y explorar el inmenso y enmadejado mundo de las relaciones humanas como un explorador por la selva. Sólo que yo nunca llevé machete, pero es igual, nunca me ha hecho falta.
Decir que las relaciones humanas son complicadas resulta algo banal a estos alturas. Pero me da lo mismo: las relaciones humanas SON complicadas del carajo, y las de amistad lo son más todavía. De hecho la complejidad es tan grande que a veces uno no puede evitar perder el norte de vez en cuando. Es este el momento en que este explorador que escribe deja su mochila al lado de un árbol, se sienta, y se pone a recordar lo que le ha llevado ahí.
Ganas de agradar desde luego, ese fue mi punto de partida. Y cuando me di cuenta de que tenía capacidad para hacer que las personas de mi alrededor se sintiesen mejor simplemente escuchando con atención lo que tuvieran que decir, eso es lo que hice. Escuché y aprendí muchas cosas. ¿Qué hice con las cosas aprendidas? Algunas las olvidé porque uno no puede recordar todo, pero otras las integré y aún ahora forman parte de mi conducta. Poco a poco me fui sintiendo más seguro de mí mismo, lo bastante como para empezar a seleccionar con quién quería estar. Mis círculos se fueron reduciendo y luego dejaron de ser círculos. Ahora son personas, y no demasiadas, las que están cerca. A la mayoría las conozco desde hace más de cinco años y eso me ha permitido ver su evolución y también la mía. Los amigos muchas veces actúan como espejos. Ésta es una enseñanza importante.
No todas las personas que he conocido me han resultado interesantes pero siempre he pensado que todas ellas tenían algo que decir, y me he esforzado porque me lo dijeran. Un esfuerzo que siempre se ha reducido a sentarme delante de ellos y escuchar con toda mi atención. Nunca ha hecho falta nada más y está bien que así haya sido; las personas quieren hablar y que se las escuche. Ahora es diferente porque mi atención está más dividida y porque creo conocer algunas historias que me cuentan. Craso error, porque la historia siempre es tanto el contador como lo que cuenta. ¿Acaso tal vez no sea mi atención sino mi interés por las cosas nuevas el que va decayendo poco a poco? Es posible, pero eso es aún peor. No estoy tan receptivo como antes.
Bien, tengo dos opciones: intentar volver a estar receptivo porque creo que es bueno y fructífero, o bien seguir por esta linea de progresiva reducción de personas a mi alrededor, lo que me dará tranquilidad. Volver a la anterior bifurcación o seguir por aquí.
Menos mal que el camino es la meta en sí mismo porque si no no podría dormir XD
Sí. Conforme van pasando los años voy descubriendo que la amistad verdadera es una de las formas más puras de amor. Y es precisamente esa pureza la mayor de sus fortalezas y también su mayor debilidad.